Últimamente me da la sensación de que me paso la vida haciendo tiempo, así a lo tonto.
Hasta que llega el próximo metro, hasta la próxima parada, hasta la siguiente clase. Hasta el finde, hasta el partido, hasta la cita del miércoles. Hasta el puente, hasta Navidades, hasta el verano, hasta que pase la crisis...
Y mira que no es que no tenga nada que hacer y me aburra, porque la verdad es que no paro y entre que espero a una cosa u otra no hago más que tratar de hacer otras entre medias para poder llegar a todo y, una vez más, para hacer tiempo; y así, trato de escribir en el metro, de preparar las clases mientras acaba la lavadora, de ahorrar de aquí a Navidades... El tiempo me cunde pero sigo teniendo la sensación de que no hago más que hacer otras cosas para entretenerme mientras llega lo que de verdad espero, que nunca acaba de llegar. Pienso en mi tiempo como un río que tengo que atravesar saltando de piedra en piedra. La piedra pequeña de aquí es el sábado, esa más grande es el puente, la gordota aquella es Diciembre...
Y al final, mientras salto de piedra en piedra sin nunca alzanzar la otra orilla, pienso en toda esa agua que corre bajo mis pies mientras trato de vadear el río; toda esa cantidad concreta e irrepetible de agua que pasa por debajo de mí, que no me toca ahora ni ya me tocará nunca por aquello de "nunca verás pasar dos veces el mismo río". Y me pregunto que será toda esa agua que corre junto a mí mientras hago equilibrios de una piedra a otra. Y pienso que esa agua es la vida misma.
Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vió
porque todo ha de pasar
por tal manera.
---
Jorge Manrique. Coplas a la Muerte de su Padre.
Bien cierto es que nos pasamos la vida esperando algo mejor sin pensar que quizás lo mejor pueden ser esas piedras por las que vamos saltando...
ResponderEliminar