domingo, 9 de enero de 2011

Vuelta y vuelta

Vuelta al cole.

Vuelta al trabajo y a la rutina. Vuelta a fregar los platos, a hacer la compra, a descongelar la nevera... Vuelta a tener tiempo para mí, vuelta a mirar la programación de la tele. Vuelta a escoger bien las pelis porque ahora se ven hasta el final. Vuelta a despertarse con tiempo justo para ducharse y salir, sin estar un rato en la cama antes de levantarse (total, ¿pa' qué?). Vuelta a tener espacio en la habitación y a que lo tirado sea sólo mío. Vuelta a no cambiarse de calzoncillos todos los días. Vuelta a hacer planes y que lo mejor no esté entre plan y plan. Vuelta a cenar en casa, para alivio del estómago, bolsillo y demás órganos vitales. Vuelta a la pasta con atún, para tristeza del ánimo. Vuelta a que importe si es lunes o domingo. Vuelta a que no importe si hace sol o no.

Se acabó que la mejor distancia es la menor. Se acabó el recreo.

martes, 4 de enero de 2011

La Vida a través del Miedo (Le joie de vivre)

Vivimos la vida a través del miedo. En lugar de ser una constante búsqueda de felicidad o de dicha hemos llegado al punto en que es el temor a las cosas en lugar de ese, como dicen los franceses, "joie de vivre", lo que nos impulsa y motiva a cada momento como una zanahoria atada a un palo. Por miedo al futuro estudiamos, nos formamos y bajamos la cabeza por mantener unos trabajos que a menudo ni nos satisfacen ni nos realizan pero que nos aterra perder. A cada momento, en cada rincón del mundo que nos rodea podemos oir el crujido de mil espíritus como los nuestros que sufren por pasar media vida deseando hacer cualquier otra cosa diferente a la que hacen, o por reventarle la cabeza a ese mamarracho de jefe que en cualquier otro ámbito de la vida sería un mequetrefe al que no dedicaríamos una segunda mirada. Por miedo y buscando una falsa sensación de seguridad hay quien se compra armas, para "protegerse" cuando lo más probable es que acaben volándose el dedo gordo del pié en lugar de defenderles de un desconocido. ¿No es eso sino el miedo a los desconocidos? Por miedo ponemos nuestro dinero en un banco para que se lo preste a un desconocido para que se pueda comprar una casa junto a la nuestra para acecharnos más y mejor. ¿Es por otra cosa que por miedo que no hay ahora trabajo, que hay que aguantar lo que venga porque con la que está cayendo hay que aguantar lo que sea? ¿Qué es, la crisis, sino miedo? ¿Alguien la ha visto o la ha tocado, la crisis? ¿Alguien se la ha encontrado al doblar una esquina? ¿A alguien le ha saltado, la crisis, y le ha tirado de los huevecillos? Pero toca aguantar lo que venga, porque ahora las cosas están así. La economía, la sociedad, incluso el amor, a menudo se rigen y se alimentan del miedo porque, ¿cuántas veces no vemos a nuestro alrededor a personas que creyéndose enamoradas confunden en realidad el amor con el miedo a la soledad?

¿Por qué el miedo a lo desconocido? ¿Por qué no la curiosidad o la posibilidad, o la oportunidad de lo desconocido? ¿Por qué antes lo malo conocido? ¿Por qué la amenaza y no la promesa? ¿Por qué huir antes que buscar?

Tratan de dirgir nuestras vidas con el miedo, algo de lo que algunos presumimos de tener conciencia. Conciencia y constancia, de hecho, pero de ahí a llevarlo a la práctica hay un trecho, que duda cabe. Aún así, ¿en qué momento de nuestra inocencia se quedó esa esperanza de encontrar ese joie de vivre como un disfrute alegre de la vida? ¿Qué nos llevó a dejar de entender este a veces poco transitable paso por la vida como una búsqueda de una alegría integral, de un "ser feliz" como filosofía de vida?

¿Cúando decidimos renunciar a vivir y conformarnos con sobrevivir?

sábado, 1 de enero de 2011

Felicidad, que bonito nombre.

A mí a veces me pasa que cuando mejor me lo paso, a veces de tan bien como lo estoy pasando me puedo poner hasta un poco triste, porque me pasa como al que está en un banquete y mientras come ya piensa en que tendrá que quedarse a recoger. O como cuando miras a alguien que quieres y ya sabes que algún día la echarás de menos.

Las cosas que vivimos son presente durante un instante y pasan a ser recuerdo para el resto de la vida. Quizá por eso haya quien considera la vida una constante búsqueda de experiencias para recordar. No es lo mismo que vivir de los recuerdos, creo yo, pero algo tiene en común. Lo que vivimos nos hace lo que somos y nos acompaña el resto de nuestras vidas, cierto, pero aún así a veces se hace difícil tratar de vivir el presente cuando sabes que en realidad todo lo que encuentres pasará más antes que después a ser "sólo" un recuerdo. Es algo así como arar en el mar, se hace sin esfuerzo, pero sin esperanza.

Quizá la clave sea pensar que lo importante de los buenos recuerdos no sea el recuerdo en sí, sino que son la prueba y recordatorio de que la vida, en efecto, a veces puede ser maravillosa.

Datos del autor

Seguidores